Que el nombre de su compañero de fórmula no incidirá en el resultado de agosto es una realidad que no discuten ni los opositores. Pero que acompañar a José Alperovich seduce a no pocos transeúntes de la Casa de Gobierno es una verdad tan grande como el patrimonio admitido por Juan Manzur.

Cada vez que surgen novedades en torno de la denuncia judicial que pesa contra el elegido por el gobernador hay reacciones encontradas en el oficialismo. Por caso, la sensación de preocupación que ayer -sugieren sus colaboradores- transmitió el gobernador contrastó con el cosquilleo de emoción que, por lo bajo, experimentaron muchos de los hombres que integran la segunda línea alperovichista.

En realidad, sólo Alperovich sostiene al único candidato que puede darse el lujo de no hacer campaña. Y con eso basta. El verticalismo oficialista no admite desaires ni berrinches. Sin embargo, el mandatario es consciente de que la presencia de Manzur en la boleta oficial nunca fue aceptada por los laboriosos que, hasta el domingo 28 de agosto, rastrillarán la provincia para apuntalar su tercer mandato.

Aunque Alperovich aproveche para ratificarlo en cuanta ocasión encuentra, un halo de incertidumbre envolverá a Manzur hasta el 22 de julio, día previsto por el cronograma para la oficialización de candidaturas. Hay muchos videntes de las acciones oficiales que abogan por la hipótesis de que el ministro de Salud nacional tropezará antes de esa fecha.

Más allá de las profecías, lo concreto es que para encarar los 78 días que restan hasta que un papel lo confirme, Manzur tendría que agregar en el calendario oficial una vacuna contra los alperovichistas que aún sueñan con bajarlo de la fórmula oficial para la reelección.